

Óleo sobre lienzo
87 x 184 cm.
Mientras que Afro ya estaba explorando la intersección de espacios que permanecían próximos al plano del cuadro, Guerrero se aferraba a las perspectivas convencionales. Sin embargo, como puede verse en una de sus más logradas vistas de Roma, Panorámica de Roma (1948), había abandonado las reglas de la perspectiva con el fin de atrapar los colores distintivos de Roma, fogonazos de rosa, siena y ocre resaltados por la siempre elegante luz solar. Las críticas aparecidas en los periódicos de su exposición en la Galería Obelisco de Roma reflejaban el brío cromático de Guerrero [...]